En los últimos días ha surgido un rumor que asegura que Killzone 2 soportaría el sensor de movimiento de PlayStation 3, llamado en código Arc, mediante un futuro parche.
Sony Computer Entertainment en su división europea, sin embargo, ha desmentido la noticia. “No, no hay nada de cierto en ese rumor”, declaró un ejecutivo de la compañía nipona.
Hay momentos que se graban en la retina del aficionado. La increíble introducción de Killzone 2 y la campaña épica, palpitante de adrenalina y gráficamente apabullante a la que da paso debe ser uno de ellos. Guerrilla, a la cuarta va la vencida, crea su primera obra maestra: Un juego que ningún aficionado a los shooters debe dejar escapar sin probar, y que se convierte por méritos propios en uno de los mejores FPS de la actual generación.
Anunciado hace más de cuatro años, es difícil referirse a la producción de Killzone 2 sin recalcar que se trata de uno de los desarrollos más accidentados, polémicos y mediáticos de la historia del videojuego. Cuando sucede algo así el producto final acaba siendo un batacazo de proporciones bíblicas o, por el contrario, los planetas se alinean y se obtiene una joya inconmensurable. A estas alturas cualquier lector sabrá en qué grupo se encuadra el nuevo abanderado de PS3.
El videojuego ha presentado durante su producción un aspecto extraordinario tanto a nivel jugable como visual, y había muy poco que objetar a lo que llevábamos ya tiempo viendo en encuentros, eventos y ferias. La única duda que nos quedaba antes de poner nuestras manos sobre una versión final del videojuego era el currículum de Guerrilla. Nos explicamos…
Una compañía acostumbrada como ésta a la creación de títulos mediocres –Shellshock Nam’67 o el primer Killzone, sin ir más lejos- no parecía la más adecuada para llevar a cabo un proyecto de este calibre, aunque el gran trabajo tras Killzone: Liberation dejaba una puerta abierta a la esperanza, y al fin y al cabo ellos fueron los encargados de abrir el fuego con su predecesor. El estudio holandés ha demostrado, sin embargo, que no hace falta un currículum inmaculado para llevar a cabo una joya. “Sólo” un chispazo de inspiración, un equipo de más de cien personas en repentino estado de gracia, y un presupuesto con el que soñarían el 90% de las películas de Hollywood han sido suficientes para pergeñar el que es, sin ningún género de dudas, uno de los mejores shooters de los últimos años.
Quienes hayan tenido oportunidad de disfrutar de la demo ya sabrán que su control es de todo menos intuitivo, puesto que no se parece en demasía a ningún otro shooter que hayamos podido probar hasta el momento. El sentido del peso, del punto de gravedad y del sprint que de forma tan particular atesora Killzone 2 hace que los primeros minutos sean francamente incómodos con el pad de PlayStation 3. Sin embargo con un pequeño tiempo de adaptación descubriremos rápidamente lo acertado de su propuesta, y lo que al principio se antojaba incómodo y poco amigable, con presteza se tornará realista y preciso.
Una vez hecha esta necesaria y principal aclaración, cabe destacar que por lo demás Killzone 2 es, en los aspectos de su control, un shooter muy convencional. El único elemento que lo separa de la amplia oferta de FPS es el de las coberturas, y lo cierto es que ya lo hemos visto en otros videojuegos de acción en primera persona como, por ejemplo, Rainbow Six. La única peculiaridad del juego de Guerrilla en este campo es la que la perspectiva subjetiva no se abandona en ningún momento, con lo cual si nos ocultamos tras un pequeño muro veremos lo que cualquiera en esa situación vería… pared.
Esto, sin ir más lejos, lo que consigue es incrementar las opciones tácticas del título, ya que gracias a este interesante matiz tenemos que asomarnos si queremos ver qué pasa a nuestro alrededor, y la cobertura no será matemática para todas las partes del cuerpo como en otros juegos recientes de similar corte como podría ser Gears of War.
De este modo nos cubrimos tras cualquier elemento del escenario que tenga un tamaño adecuado con el gatillo izquierdo del pad, y manteniéndolo nos quedamos guarnecidos. Podemos disparar a cubierto con escasa precisión, o asomar el cuerpo entero y utilizar la mirilla de precisión para ganar efectividad, aunque con el obvio riesgo que eso conlleva.